¿Elegir el sexo de un bebe es posible?
Muchas personas piensan que les gustaría escoger el sexo de su hijo en determinadas circunstancias. Pero esta opción personal plantea problemas de diversa índole. ¿Se podría alterar con esta práctica el equilibrio de la población en la distribución de niñas y niños? ¿Qué opciones legales se barajan actualmente? Dejando de lado las cuestiones éticas, individuales o colectivas que se plantean por el hecho de escoger el sexo del bebé, las finalidades médicas de la elección del sexo están ampliamente justificadas.
Ante la posibilidad de escoger el sexo del bebé hay dos puntos de vista que hay que valorar; por un lado, hay una decisión individual o familiar y, por otro lado, repercute directamente a la propia comunidad.
Sin embargo, en nuestro país parece muy difícil que hubiera una discriminación hacia uno de los dos sexos. Es más, una encuesta realizada a 500 parejas a las que se les preguntó si, de ser posible, elegirían el sexo de su hijo, y de ser así, qué elegirían, la distribución fue de un 50% por igual a ambos sexos. Sin embargo, hay países como India o China donde hay una discriminación positiva a favor del sexo masculino por razones culturales y económicas.
¿Cómo se hace la selección del sexo?
Los genes están agrupados en los núcleos de las células en 23 pares de cromosomas (46 en total), de los que un par, conocidos como cromosomas sexuales, determinan el sexo del individuo (XX en caso de las mujeres y XY en los hombres). Los óvulos y los espermatozoides solo poseen la mitad de los cromosomas. De este modo, al unirse el óvulo y el espermatozoide, en el momento de la fecundación, se obtienen los 23 pares de cromosomas. El óvulo siempre tiene el cromosoma X y el espermatozoide determina el sexo, dependiendo de si tiene un cromosoma X o un Y.
A partir de estos conocimientos hay dos posibilidades para seleccionar el sexo de un bebé. La primera consiste en «enriquecer» una muestra de semen con espermatozoides que lleven más X o bien espermatozoides que lleven más Y, y después realizar una inseminación artificial con esta muestra «enriquecida». Esto se realiza mediante una técnica denominada citometría de flujo. Sus posibilidades de acierto rondan el 80-90%. Para asegurar al 100% el sexo elegido, hay que recurrir al diagnóstico preimplantacional.
El diagnóstico genético preimplantatorio (DGP), como veremos más adelante, unido a las técnicas de reproducción asistida, además de analizar la presencia de alteraciones cromosómicas y genéticas en embriones, permite conocer el sexo del embrión antes de ser transferido al útero.
Es importante destacar que la selección del sexo del bebé plantea cuestiones éticas y morales, y en algunos países puede estar sujeta a regulaciones legales. Además, el uso de técnicas de selección de sexo puede implicar riesgos y costos adicionales. Por lo tanto, es importante que las parejas que consideren este enfoque discutan cuidadosamente sus opciones con un médico o asesor genético para comprender completamente las implicaciones y tomar decisiones informadas.