La Enfermedad Celiaca (EC) es una de las enfermedades de transmisión genética más frecuentes. En general, hay 1% de personas en el mundo diagnosticadas con ella y se considera que existe un número importante de pacientes no diagnosticados y asintomáticos alrededor del mundo.

 

Se manifiesta de forma variable comprendiendo el clásico síndrome de malabsorción, formas menores y la EC silente. Su diagnóstico serológico es altamente sensible y específico, por lo que su confirmación oficial debe darse por medio de una biopsia. Por otro lado, para diagnosticar pacientes cuya dieta es libre de gluten, debe realizarse una prueba de tipificación de HLA y una prueba de dieta con gluten, seguido de un estudio serológico e histológico.

 

La EC viene como resultado de la interacción entre el gluten y diversos factores inmunológicos, genéticos y ambientales. El gluten es una proteína presente en cereales como el trigo. Específicamente en este, el gluten contiene gliadina y glutenina, dos proteínas que en la cebada causan hordeínas, y en el centeno, secalinas. Se relacionan todas entre sí debido a que el trigo, la cebada y el centeno tienen un origen evolutivo en común, por lo que todas tienen posibilidad de desencadenar EC.

 

¿Cuál es su presentación clínica?

 

Se manifiesta de forma bastante amplia. Va desde el síndrome de malabsorción con esteatorrea, desnutrición calórico-proteica, edema y letargia, y en el caso de muchos ciudadanos del mundo, puede ser asintomática. Su presencia gastrointestinal llega a ser bastante específica entre el 20-50% de los pacientes, puesto que estos cumplen con los criterios de Roma para Síndrome de Intestino Irritable. Incluso, es recomendable descartar EC en pacientes de los cuales se sospecha este diagnóstico.

 

Existen varios conceptos que explican la relación de las formas de manifestación de la EC, entre ellos EC típica, atípica, potencial, silente y latente, etc.

 

Para tratarlo, uno de los puntos más importantes es realizar una dieta libre de gluten, cuya supervisión debe dársele a un nutriólogo. Además, debe monitorizarse con serología, puesto que una EC mal controlada puede generar complicaciones en un linfoma y adenocarcinoma de intestino delgado. Se espera que con avances científicos existan nuevas terapias farmacológicas útiles para la EC.

 

Fuente:

 Moscoso, J., & Quera, P. (2015). ENFERMEDAD CELIACA: REVISIÓN. Revista Médica Clínica Las Condes, 26(5), 613-627. https://doi.org/10.1016/j.rmclc.2015.09.007