Posibles consecuencias nocivas de la náusea y el vómito
¿Qué son la náusea y el vómito?
La náusea es aquel deseo fuerte y desagradable de vomitar. El vómito es la expulsión violenta por la boca de los contenidos estomacales. Por lo general, el vómito es un mecanismo protector para expulsar alguna sustancia nociva ingerida, pero también puede ocurrir debido a varias otras afecciones infecciosas o inflamatorias del organismo que no se relacionan con ese tipo de ingesta. Los músculos de la pared abdominal se contraen fuertemente a fin de crear la presión necesaria para vomitar (arcadas). Las arcadas no siempre se presentan con vómito, sino que pueden estar precedidas o seguidas del mismo. Por su parte, la náusea puede ocurrir sin vómito o antes de éste.
Se debe distinguir entre vómito y regurgitación, que consiste en expeler por la boca sin esfuerzo bien sea los alimentos tragados o el ácido estomacal. La regurgitación no se relaciona ni con la náusea ni con las arcadas
¿Cómo pueden afectar la náusea y el vómito?
La náusea y el vómito son síntomas que producen malestar y pueden hacer difícil el acudir al trabajo o realizar las actividades cotidianas. De hecho, la pérdida de la productividad laboral y los gastos médicos pueden ser un asunto importante que deriva del hecho de sentir náusea o vómito después de una operación o debido al embarazo, e incluso por una enfermedad infecciosa aguda. Algunos pacientes consideran que la náusea y el vómito después de la cirugía son peores que el dolor. A consecuencia de presentar náusea y vómito después de un procedimiento quirúrgico, la persona puede permanecer más tiempo en el hospital y aumentar el costo de la hospitalización. Durante el embarazo, hasta 8 de cada 10 mujeres pueden tener náusea y vómito durante los primeros meses y el resultado sería de ausencia laboral o del hogar mismo.
Evaluación de la náusea y el vómito
La causa de un evento agudo de náusea y vómito normalmente se determina mediante un historial detallado y un examen físico. Se realizan más exámenes solamente cuando la causa es incierta. A veces, también se hacen análisis para determinar si la náusea y el vómito dejaron consecuencias nocivas. Cuando la náusea y el vómito son resultado de una enfermedad menor o de algún problema de corta duración, podría haber una cierta inquietud, pero el médico será quien determine la necesidad de hospitalizar al paciente o la probabilidad de realizar más exámenes de manera ambulatoria y la posible utilidad de los medicamentos. El ingreso al hospital es más común entre los ancianos y los niños tiernos porque ambos se deshidratan rápidamente. Ante diarrea o deshidratación, o cuando ambas se presentan juntas, podría ser necesario administrar líquidos por vía intravenosa y, para ello, es preciso acudir a un consultorio médico, a la sala de emergencia o hasta ingresar al hospital. Por último, aunque la náusea y el vómito no fueran particularmente graves, cuando los síntomas no mejoran después de transcurridos varios días, podría ser necesario ingresar al paciente al hospital para realizarle más exámenes o administrarle otros tratamientos
Posibles consecuencias nocivas de la náusea y del vómito
La deshidratación y/o el desequilibrio de electrolitos y minerales que circulan en la sangre puede ser problemático cuando el vómito es fuerte o prolongado. Esa es una de las consecuencias agudas más importantes de la náusea y del vómito. La evaluación consiste en medir los signos vitales (pulso, presión sanguínea, temperatura), realizar un examen médico en busca de señales de deshidratación, revisar los niveles de las sustancias químicas de la sangre, evaluar las funciones renal y hepática mediante análisis de sangre y realizar otros exámenes como un ECG. El tratamiento consiste en administrar líquidos intravenosos que, a veces, también contienen otras sustancias químicas (lactato de Ringer, líquidos con más potasio o magnesio).
Cuando los síntomas se prolongan, la persona podría perder peso o sufrir de mala nutrición. A fin de evitar o revertir la pérdida de peso, se podrían administrar suplementos nutritivos, como alimentación directa al intestino (nutrición enteral) y, ocasionalmente, alimentación a una vena principal (nutrición parenteral).
Las arcadas o el vómito violento pueden llevar a sufrir desgarros en la unión intestinal, donde el esófago se une al estómago. Cuando dichos desgarros ocurren sólo en el revestimiento interior, se conocen como desgarros de Mallory-Weiss y pueden ocasionar sangrado intestinal. La presencia de sangre oscura o de color rojo vivo en el vómito o en el recto podría deberse a desgarros de Mallory-Weiss. Rara vez se producen desgarros en toda la pared del esófago, derivando en una perforación y fuga de los contenidos estomacales fuera del intestino o síndrome de Boerhaave, que constituye una situación grave, capaz de conducir a la formación de un absceso o recolección de líquido en la parte inferior del pulmón izquierdo por lo general. Las arcadas violentas pueden ocasionar hematomas dolorosos o desgarros en los músculos de la pared abdominal.
Fuente: Colegio Americano de Gastroenterología.
→ https://gi.org/patients/recursos-en-espanol/nausea-y-vomito/
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